Por Carlos Vertti

León, Gto.- La ganadería de Fernando de la Mora mandó un encierro con buena presentación, pero de dispareja embestida, para la corrida de la Virgen de la Luz, ejemplares que se prestaron para que cada uno de los alternantes mostrara sus mejores dotes. Octavio García “el Payo” su exquisita técnica, David Silveti su toreo alegre, variado y preciso, y Leo Valadez su derroche artístico y su dominio de los tres tercios.
El triunfador de la tarde fue Diego Silveti, quien cortó una oreja a su primer toro, y el par a su segundo. Para el Payo hubo aplausos y salida al tercio, y para Valadez salida al tercio y salida al tercio con ovación.

Foto: Mario Armas

La plaza La Luz lució casi un lleno completo.

CARTEL DE TRIUNFADORES
De antemano, el programa lucía más que atractivo: reunía a los máximos triunfadores de la Feria de Enero, y una ganadería de las más acarteladas a últimas fechas.
Pero, sobre todo para los que han seguido la carretra de Leo Valadez, estaba el antecedente de que justo una semana antes había tenido una tarde triunfal en la plaza de Las Ventas, donde cortó una oreja, imponiéndose a David Fandila “el Fandi” y Manuel Escribano.

Foto: Mario Armas

GANADO: RETO Y ARGUMENTO

El criador hidalguense Fernando de la Mora seleccionó bien el lote para esta fecha conmemorativa: peso promedio de 521 kilos, con edad y trapío.
Así, el abreplaza, de nombre Mar de Nubes y que tocó en suerte al Payo, el diestro queretano logró entender a un toro complicado, fuerte pero de difícil embestida, que había recargado con fuerza en el peto.

Foto: Mario Armas

Con gran técnica y voluntarioso, Octavio -de lavanda y oro- supo conducirlo casi exclusivamente por derecha, logrando tandas completas por ese lado, que el público le agradeció. Lo despachó con media estocada tendida, tras pinchazo. Aplausos.
En su segundo, cuarto de la tarde y que brindó al exgobernador Miguel Márquez, el Payo encontró más tela de dónde cortar. Luna Gris era un cárdeno con buen recorrido, que acudía con nobleza a la muleta y el matador le pudo sacar varias tandas. El Payo estoqueó recibiendo, tendida y delantera, profunda pero poco efectiva, y recurrió al descabello. Mereció salida al tercio.

VARIEDAD, VALOR Y PRECISIÓN: DIEGO

Diego Silveti, con Bocanegra, de 550 kilos, logró un toreo que contagiaba alegría. Artístico y valiente. Desplegó variedad de pases en su faena con la muleta, que desarrolló en el tercio. No faltaron en su repertorio el molinete, péndulo y manoletinas, que hicieron que el público se le entregara. Una gran estocada, entera y bien colocada, redondeó su lidia y lo hizo acreedor de la primera oreja de la tarde.
Con el quinto de la corrida y segundo para Diego, Luz del Cielo, de 486 kilos, el guanajuatense brilló, torerísimo, desde el saludo al astado, con una serie de gaoneras.
Ejecutó tandas de naturales, lentas y bien hiladas. Dio varias tandas, y en cada tanda muchos pases.
Antes de tirarse a matar, y ya con el acero en la mano, tiró la espada y dobló la muleta, ocultando el pico. Arriesgó y tuvo éxito. Volvió a matar exitosamente y el juez no pudo negarse a la exigencia de los tendidos, que se blanquearon, y concedió las dos orejas.
Luz del Cielo mereció vuelta al ruedo, con ovación, y lo mismo su criador Fernando de la Mora, por la nobleza y bravura de ese astdo.
Con los tres apéndices obtenidos, Silveti se convertía en el triunfador de la corrida de triunfadores.

Foto: Mario Armas

LEO, LA EXPECTATIVA
Recién desempacado de la feria de San Isidro, donde tuvo una tarde triunfal en su confirmación de alternativa en Las Ventas, Leo Valadez traía en la espuerta el imán para el interés en la afición guanajuatense.
De plomo y azabache, el joven matador recibió a Venadito, de 530 kilos, con una serie de verónicas pegado a tablas. Lo condujo a varas por chicuelinas y, luego de un certero trabajo de los de castoreño hizo un quite por zapopinas.
Colocó los tres pares de banderillas, empezando con el del violín, y los otros dos al cuarteo. Aplausos de pie por este tercio.
Era un hermoso toro burraco, el de mejor pinta de la tarde, bien presentado pero falto de casta, que tendía a derrotar constantemente. Valadez, no obstante, lo condujo artísticamente y toreó por naturales hasta donde se pudo. Lamentablemente falló a la hora de matar y perdió el trofeo.

Foto: Mario Armas

Con su segundo y cierraplaza, Valadez saludó con faroles de rodillas. Una, dos, tres veces. Iba por todo en este último toro.
Volvió a ejecutar el segundo tercio de forma impecable, y en la muleta intentó torear para los tendidos. Pases de rodillas en la zona de sol, para arrancar aplausos. Tras una serie de naturales remató con un trincherazo bien ejecutado.
Y de nueva cuenta, la espada no ayudó a Leo Valadez.
Saludó al tercio, con ovación y gritos de “torero-torero” generalizados en las tribunas.

Foto: Mario Armas

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