Mtro. Noé Rincón Reséndiz

March 17, 2012 • Creadores Populares • Views: 1440

Textil

Victoria, Gto.

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Actualmente, a sus 64 años continúa decidido y entretenido  elaborando  jorongos, cobijas, gobelinos, tapetes, cotorinas y más productos de lana, tejidos en sus 3 telares de pedal, que se encuentran en el traspatio de su casa.

Don Noé nace en Victoria, Guanajuato, en 1947 y pertenece a una familia de obrajeros: su abuelo materno Teodolo Resendiz, su padre Anastasio Rincón y su madre María Resendiz.

Hoy en día, Don Noé junto con su esposa María del Carmen Montes y su hermano Alfredo preservan esta noble actividad, más que nada, por el amor que le profesan a la artesanía.

Siendo el mayor de nueve hermanos, comienza a participar en las labores del taller más ligeras y apropiadas para un niño de 8 años: lavando y separando la lana por colores y calidades, hilando y cardando. Y a los trece años ya estaba subido en el telar.

Antes, el trabajo era muy laborioso pues había que prepararlo todo a mano. Ahora existen “pabiladoras”, (sitios donde se procesa la lana). Cardado, hilado y teñido se llevan a cabo en estos sitios y el artesano solamente necesita montarla en el telar y comenzar a tejer.

Don Noé nos cuenta:

-De niño, me acuerdo de este pueblo como un pueblo totalmente artesanal. En cada calle había dos, tres, cuatro talleres. Existían aproximadamente 50 talleres de obrajería- Mucha gente se mantenía de este trabajo. Victoria era un centro textil muy importante junto con San Luis de la Paz y San Diego de la Unión. 

Entre 1955 y 1970, el taller familiar constaba de 15 personas, entre familiares y amigos, y de 8 telares en permanente actividad.

Y mientras Don Anastasio Rincón se iba a EEUU a trabajar, Doña María, madre del maestro Noé, se quedaba al frente de todas las tareas del obraje. La familia era numerosa y había que completar  los gastos. Es por esta razón que Don Anastasio se veía en la necesidad de pasar una temporada de 6 meses al año lejos de su casa, de su familia y de su taller. El era contratado para labores del campo en los estados de California y Texas; el corte de jitomate, lechuga y el espárrago era bien pagado, además de que la producción del taller de obrajería no se suspendía gracias al entusiasmo e ímpetu de su esposa.

-A los seis meses mi papá regresaba y le daba mucho gusto que mi mamá ya tuviera sus montones de cobijas para vender- Antes se vendía mucho, venían compradores de Guadalajara, Querétaro, San Luis Potosí, de México. La gente nos tenía confianza porque siempre hemos tratado de tener calidad y de ser cumplidos con nuestros compromisos.-

Doña María, heredera de los conocimientos de la obrajería y de los telares de su padre, continúa la tradición que Don Teodolo Resendiz también portaba desde pequeño. Don Teodolo logra atraer a su yerno Anastasio al taller estimulándolo a que cambiara el comercio y la milpa por el trabajo textil.

Don Noé recuerda, porque así se lo contaban, que tanto su padre como su abuelo paterno se mantenían de comerciar algunos de los productos de la región llevándolos a vender a pueblos de la Sierra de Querétaro y de San Luis Potosí, y trayéndose de regreso productos originarios de aquella zona.

-Cargaban sus diez burros con cobijas, canastas, molcajetes, metates, ollas, comales y se iban por un caminito que apenas se echaba de ver y que llegaba hasta Pinal de Amoles y hasta Jalpan. Los días de venta ponían su puesto y acababan con todo. Y de allá para acá traían café, piloncillo, tabaco y hasta vino de caña, les iba muy bien.-

-Pero después agarramos el obraje y ya mi papá dejó eso de lado. Y…….por cierto que nos gustó mucho!-

-Nuestro taller siempre tuvo prestigio y no nos dábamos a basto para atender los pedidos. No teníamos la necesidad de salir a vender, la gente nos buscaba aquí mismo-. 

Este quehacer artesanal  -recuenta el maestro- se sabe que existía de muchos años atrás pero él recuerda que en la década de los 40tas, un padre, un señor cura muy querido en el pueblo, Juan González Zárate, trajo un maestro obrajero de Dolores, Hidalgo que vino a perfeccionar los obrajes que ya existían en Victoria. 

-Porque aquí ya había quien hiciera cobijas, aunque muy rusticas, es decir, lisas o a rayas. Antes lo tradicional era eso, cobija a rayas o de un solo color, sin “labrado”. Ahora lo que se vende es el “labrado”. Entre más dibujado este el jorongo más venta tiene. Y así nos piden venados, caballos, águilas y hasta letras.- 

Fue entonces que se comenzó a hacer la cobija de pavorreal, la de los rosales, con muchos colores, lo cual caracteriza y distingue los tejidos de la región. En cuanto a los procesos del teñido, se empezaron a utilizar las anilinas a diferencia de antes que se utilizaban colorantes naturales como la vaina de huizache y la cochinilla.

Don Noé se casa a los 27 años y sigue los pasos de su padre, pues al tener a sus 3 hijos pequeños se enfrenta a la necesidad de salir en busca de otro trabajo que hiciera mejorar la economía. También su esposa, Doña Carmen, sigue los pasos de su suegra al tener que quedarse al frente del taller, mientras el maestro se va a la ciudad de Querétaro a trabajar en una fábrica automotriz. En ese tiempo solo había 2 personas trabajando en el taller y Don Noé utilizaba los fines de semana para vender los productos que se hacían durante la semana.

Esto duró 15 años, y con el sacrificio de estar poco tiempo con la familia, se pudo construir la casa donde hoy sigue viviendo con su esposa, además de que logro que sus hijos pudieran estudiar la secundaria.

Ahora sigue trabajando junto con su hermano Alfredo quien lo apoya cuando está en el país. Su fuerte es hacer los diseños especiales que le piden. Eso es lo que le da más ganancia. La calidad aumenta cuando la lana se peina, esto se hace cuando ya está hecha la prenda. Y para esto hay otra persona que apoya en los acabados.

Hablando de la materia prima, Don Noé nos cuenta que siempre ha habido ganado bovino en la región y, por lo tanto la lana no falta. Antes la gente se peleaba por conseguir  lana pues era grande la demanda. Ahora esa lana hasta la desechan porque ya casi no hay quien la trabaje.

Se podría concluir que, debido al clima frío de la región existe este tipo de ganado y que por esta razón se ha desarrollado este tipo de actividad. Pero otro factor de mucha importancia es que su población sea de origen indígena.

En general el trabajo artesanal realizado por los indígenas durante la conquista era considerado como tributo.  Además  esta región se encuentra  ubicada en zona aledaña a importantes centros mineros donde la demanda de producción y comercio textil aumentaba.

Actualmente las pocas personas que, como el maestro Rincón continúan tejiendo en sus telares coloniales, consiguen la materia prima ya procesada cuestión que les facilitar el continuar esta actividad. Sin embargo cuando tiene tiempo, Don Noé trasquila sus propios borregos.

Se sabe que en San Luis de Paz, el auge textil hacía que se llenaran vagones completos de cobija hacia la frontera de Nuevo Laredo.

En ese tiempo se elaboraba en Victoria la cobija “navajo” por pedido y se exportaba en grandes cantidades hasta que la producción china provocó la quiebra de los productores de Victoria.

El  maestro Rincón ubica el declive de actividad textil hace más o menos unos 20 años, a partir de la entrada de la cobija y el edredón de fábrica, ligeros, baratos y de fácil transporte.

Don Noé se siente ya sin la presión de mantener a una familia grande, sigue produciendo por puro gusto por su trabajo y, hoy en día sí que le da para vivir a él y a su esposa. Pero si le preocupa y le entristece el saber que cuando muere un artesano obrajero de Victoria muere, junto con él, se va muriendo parte de esta tradición porque a los jóvenes ya nos les interesa en aprender esto.

-Esto no va a durar más de 10 años ..…Como le digo éramos 50, y de 50 ahora somos 4 y ya bien viejitos… no hay gente nueva y eso es muy triste porque la obrajería era una tradición en mi pueblo….era famosísima “Victoria de las Cobijas”-.  

La mayor satisfacción del maestro Rincón es que el cliente se vaya contento con lo que él hace en su telar.

A Don Noé  lo distingue el tener un sentido de perseverancia, lo que le ha valido para su mejor suerte en la vida.

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